viernes, abril 22, 2011

Junín, pobreza que se trata de esconder debajo de la alfombra



- Por Daniel Rossetti -




Una realidad que no se puede esconder... y digo una vez más, Junín huele mal, Junín no esta tan lindo. 

La pobreza en Junín 

Están tan cerca de la plaza principal que parece mentira que nadie hasta el momento los haya visto, cuatro familias, en total unos quince chicos que todavía no entienden por qué les toca vivir así.
Llegaron a calle Chile y Cte Segui con unas pocas chapas usadas con las que construyeron sus precarias viviendas, algo de madera, lona y plástico, que ayuda a que el agua de lluvia no los moje. Aunque no siempre se da,  escurridiza se mete por los huecos, las hendijas y no perdona lo poco que hay adentro.

En medio de la nada se animaron a vivir en ese lugar, enfrente,  las cañas que muestran la vieja postal de las vías de ferrocarril donde se levantan desafiantes y  cuando llega la noche,  la luz en la calle no existe.

Mujeres que abrazan a sus chicos y se animan a pensar qué puede pasar cuando el invierno golpee con fuerza y no haya con qué calentarse.

Las mismas que fueron hasta Acción Social a pedir ayuda y se volvieron sin nada, sólo la respuesta que como no quedan lotes en Junín podrían obtenerlos en La Agraria.

Tampoco tuvieron un informe claro para que les conecten el agua, “la vamos a buscar a la casa de una vecina” expresaron.

No hay baños, “nos arreglamos con un tacho” decía una mujer; sintetizando un acto natural, que para ellos de natural no tiene nada.
Una postal de la pobreza sin dudas, pero también del abandono, de un Estado ausente, que no escucha, y por eso no puede dar respuestas.

Si vas por calle Chile y pasas la alcantarilla, los vas a ver, no se esconden de nadie, los oculta la altura de las vías, los condena a la pobreza la inoperancia de los gobernantes de turno.

Cuatro tristes construcciones que encierran las mismas vidas que las nuestras, con sueños, tal vez distintos a los que tenemos, pero que sienten  el frío, como nosotros y sufren…

Alguien  en medio de nuestra visita llegó con un par de carpas rescatadas del canal, será la comida de esta noche; mañana otro día y otra lucha, la de sobrevivir. 

Una de las mujeres muestra una panza que de a poco va creciendo, como el bebé que lleva dentro y se anima a hacernos ver  el interior de su casa, estábamos alquilando, pero no podíamos pagar más, si pagaba el alquiler no comía” agregó, adentro pasto y tierra en un piso que se va acomodando al andar de la pareja; las partes y techos dejan entrar los últimos rayos del sol, no por poesía es que están rotos.

Historias de  cuatro familias que usurparon el terreno, lo saben, pero no se sienten delincuentes, se sienten olvidados.

 Solamente se acercó Daniel Rossetti, nos decía una mamá jovencita con su chiquito en brazos, del que aseguraba “nunca se me enfermó, pero ahora tengo miedo a que el frío le haga mal.


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